Enrique Peña Nieto blinda su toma de posesión

Recuerdo las escenas del 1 de diciembre de 2006. Dos presentadores de Televisa narraban el convoy que transportaba al presidente electo Felipe Calderón rumbo a la Cámara de Diputados. Los alrededores del recinto estaban cercados por manifestantes. El acceso a San Lázaro, bloqueado. De pronto, la señal de televisión tuvo problemas. Lo que parecía una falla técnica terminó convertirse en un señuelo. Minutos de confusión después, Calderón apareció en la tribuna para rendir protesta, en medio del caos entre legisladores. Una escena digna de película que, por desgracia, no correspondió al terreno de la ficción.

Enrique Peña Nieto no quiere repetir la historia de su antecesor -por lo menos, no ese episodio-. A cinco días de que tome posesión como Presidente de México, no escatima en seguridad. Sin importar si incomoda a los capitalinos, el nuevo mandatario no quiere que su toma de protesta -su momento de gloria- se vea empañado por la inconformidad social.

Para eso, primero, ha mandado a cerrar cuatro estaciones de la línea 4 del Metro por una semana. Así, del 25 de noviembre al 1 de diciembre, las estaciones de Santa Anita, Jamaica, Fray Servando y Candelaria no prestarán servicios. También el Metrobús se vio afectado, con otras siete líneas suspendidas.

Pero hay más. Personal de Estado Mayor Presidencial vigilará la zona de la Cámara de Diputados durante toda esta semana. También la Policía Federal desplegará operativos en la zona. La razón: las movilizaciones que se han anunciado en contra del próximo presidente. Tanto Andrés Manuel López Obrador como el movimiento #YoSoy132 han convocado protestas contra Peña Nieto para el 1 de diciembre.

Mal presagio que un sexenio inicie con tantas precauciones. Es cierto que se debe garantizar un mínimo de seguridad para el evento, pero el despliegue es excesivo. Es una realidad que los ánimos están muy caldeados: una buena parte de la población no aprueba la llegada de Peña Nieto a la Presidencia, y aún pesa sobre él la incertidumbre del fraude electoral. Es muy probable que las manifestaciones tengan un tono más beligerante que en otras ocasiones, por lo que la combinación entre inconformidad social con militares y policías no auguran nada bueno (menos, viniendo de un hombre que ha justificado el uso desmedido de la fuerza pública en ocasiones anteriores).

Además, el cerco de seguridad deja un mensaje claro: que el presidencialismo ha vuelto. Que la figura central en el Ejecutivo -a la usanza del PRI de antes- está de regreso. El blindaje a la toma de posesión también es retórico: que un individuo puede detener las actividades de una zona con una semana de antelación sólo porque puede. O mejor dicho, porque lo ordena. Si me preguntan, prefiero al escurridizo Calderón que se escabulló de las protestas a un autoritario que las inhiba y las reprima.

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