Jorge Ramos Ávalos: Cuando el Presidente gana con trampas

El problema para el nuevo presidente de México, Enrique Peña Nieto, es muy sencillo: millones de mexicanos creen que ganó con trampa. Y el problema para los millones de mexicanos que están convencidos que Peña Nieto obtuvo más votos en la pasada elección debido a las trampas que hizo es que, nos guste o no, él será Presidente por seis años. Esta es la realidad. ¿Qué hacemos ahora?

Es muy difícil creerle a los priistas cuando dicen que han cambiado y que ya no son los dinosaurios de antes porque para ganar la última elección cometieron los mismos abusos que los caracterizaron durante sus 71 años en el poder. Gastaron más que los otros candidatos, usaron la televisión por años para sacar una injusta ventaja, utilizaron recursos de los gobiernos estatales, trataron de comprar votos a través de pagos y tarjetas, presionaron a jueces y funcionarios para que se hicieran de la vista gorda y, al final, con todas esas trampas, consiguieron más votos. Si eso lo hicieron cuando no tenían la Presidencia, ¿se imaginan lo que harán en 2018?

Las trampas con las que ganó Peña Nieto, extrañamente, no las vieron los magistrados del Tribunal Electoral que declararon “infundadas” las acusaciones de fraude y concluyeron que México “tuvo unas elecciones libres y auténticas”. No vieron nada. O como me dijo una amigo periodista: “Sí, efectivamente, Peña Nieto ganó con trampas y no fue ético en la campaña pero nada de lo que hizo fue ilegal”. Linda justicia.

Muchos han dicho que no van a reconocer a Peña Nieto como presidente legítimo. Respeto esas opiniones. No los culpo. No quieren una imposición. Sin embargo, Peña Nieto actuará como Presidente, con banda, casa y gobierno. “No tiene legitimidad”, dicen. Pero igual va a gobernar.

Así que no tenemos más remedio que denunciar las trampas, protestar, hacer clara nuestra posición y dejarle saber en toda oportunidad a Peña Nieto que no aceptamos la forma en que llegó a la Presidencia. Seguramente eso no le despeinará ni el copete. Pero tiene que saber que va a gobernar un país dividido, enojado y en crisis.

Peña Nieto, desde luego, no será el primer priista que llega a Los Pinos con un problema de legitimidad. Carlos Salinas de Gortari ganó con el fraude electoral más grande en la historia de México y, aún así, estuvo en el poder por seis años. Lo mismo le ocurrió a Ernesto Zedillo, quien ganó por el dedazo de Salinas de Gortari y también gobernó por un sexenio.

El caso es que Peña Nieto gobernará desde Los Pinos y a ningún mexicano le conviene que a su Presidente le vaya mal. Ni a los que votaron contra él.

Y aun cuando es inaceptable en una verdadera democracia la manera tan tramposa y abusiva como ganó Peña Nieto, México no se puede dar el lujo de paralizarse y esperar hasta el 2018. Este es el Presidente que nos impusieron y habrá que lidiar con él. Eso es lo que pasa en una democracia tan imperfecta y tan joven como la nuestra; apenas tiene 12 años.

No podemos esperar otro sexenio para resolver el problema de la criminalidad. ¿Qué familia mexicana no ha sido tocada por la violencia o el miedo espantoso de no tener un Estado que proteja tu vida? Tampoco podemos esperar seis años para crear los millones de empleos que necesita el país sólo para darle trabajo a los jóvenes que entran a la fuerza laboral.

Reducir el crimen de una manera significativa y crear buenos trabajos; esas son las prioridades. Y ojalá Peña Nieto pueda hacer algo. De verdad que espero que le vaya bien. Pero eso no significa que desaparezca la indignación y el enojo por una elección en la que el ganador se aprovechó de un sistema electoral muy defectuoso y en que los candidatos no estuvieron en igualdad de condiciones. ¿Qué hacemos?

Nuestra sociedad es mucho más independiente, moderna, resistente y democrática que antes del 2000. Peña Nieto no será un superpresidente como en las siete décadas de autoritarismo priista. Así que nuestro trabajo como periodistas será cuestionar a Peña Nieto en todo momento y no dejarlo mentir. El de los políticos de oposición será negociar con el nuevo gobierno por el bien del país. El de los millones de mexicanos que no votaron por él será salir adelante sin esperar milagros presidenciales y esperando que Peña Nieto gobierne para todos y no sólo para sus amigos. Y el de todos será asegurarnos que México, en el 2018, no tenga otro Presidente cuya elección sea puesta en duda.

Todo esto es lo que hay que hacer cuando el Presidente gana con trampas.

Si fuiste testigo de iacute un acontecimiento y quieres denunciar algo o compartir tu punto de vista sobre un tema, entonces env&;a tu aportación a TÚ REPORTERO y lo publicamos.

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