Olga Segura: La nueva bomba latina en Hollywood

• Olga Segura siempre quiso ser alguien más; tener muchas vidas y muchos disfraces. Desde niña aprendió a convertirse en otra persona, a ser más de un personaje, primero por sobrevivencia y después como una forma de vida, lo cual la ha llevado a conquistar las pantallas como actriz y productora en los festivales de Cannes, Sundance y ahora Morelia.

A finales de la década de los ochenta, Olga estaba lejos de su natal Ciudad de México. Ella, su hermano Juan Carlos y sus padres se habían mudado a Panamá, donde pasó gran parte de su infancia. “Esa era mi realidad, hablaba con el acento panameño, conocía los juegos, las fiestas, las tradiciones. Mi vida era otra por completo”, dice quien diera sus primeros pasos en la actuación con la obra de teatro Pizza man, después de tomar clases en Casa Azul con el actor Eduardo Arroyuelo.

Pero entonces sus vidas cambiaron. El gobierno estadunidense invadió Panamá para capturar al presidente impuesto, el general Manuel Antonio Noriega, acusado de narcotráfico. La constructora dirigida por su padre comenzó a tambalearse y algunas de sus propiedades fueron invadidas. Nada era seguro, sólo que tenían que irse. “Fue uno de los momentos más difíciles para nosotros. Estábamos, literalmente, entre bombas. Mi papá decidió que lo mejor para todos era salir de ahí, aunque mi mamá es panameña y su familia se quedó. No teníamos más opción que salir corriendo”, dice.

Los Segura llegaron a Saltillo a comenzar de nuevo. Olga recuerda esos años por la dificultad que tuvo para adaptarse a su entorno mexicano, pero también como ésa época decisiva en que encontró su vocación. “Yo observaba a los niños mexicanos y los imitaba, me mutaba, me transformaba para poder encajar. En casa mantenía mi acento de panameñita, pero afuera hablaba golpeado, como norteña. Entonces supe que me encanta tener muchas vidas. Era un pequeño camaleón, porque la situación lo ameritaba, porque era necesario para sobrevivir a una edad en que los niños son crueles y se burlan por todo y te destruyen solo con palabras”, cuenta quien, no obstante estar convencida de que la actuación era su destino, tuvo que pasar por otros caminos antes de llegar a la cuesta por la que hoy va escalando hacia el estrellato.

EL INSTINTO EMPRESARIAL

La actuación no ha sido su única inquietud. Cuando tenía apenas 18 años, Olga sembró lo que ahora es la cadena de creperías Trocadero, en Coahuila, hoy administrada por su madre. En sus inicios se encargaba de cocinar, cobrar y servir. “Fue mi primera lección de administración pero sobre todo de humildad. Yo sé lo que es estar del otro lado, por eso no soporto que la gente sea prepotente con quienes ofrecen un servicio. Fue una gran experiencia y no me arrepiento, aunque sigo pagando las deudas de ese entonces”, cuenta.

Entonces llegó otro giro camaleónico. Ella no quería estudiar administración, quería ser actriz. No quería ir a Monterrey para iniciar su carrera, quería ir a conquistar Los Ángeles. Pero tampoco quería ser “la rara”. Una vez más observó lo que hacían sus amigas, los rituales que le permitirían pertenecer a ese grupo y se adaptó. Sus padres no la dejaron seguir sus instintos, así que ahora es licenciada en comercio internacional.

¿QUÉ PASÓ CON LA ACTRIZ MIENTRAS ERA DOMINADA POR LA RIGIDEZ DE SUS ESTUDIOS?

Una vez más, fue cuestión de sobrevivencia. Amo a mis papás y tomar la decisión de enfrentarlos no era sencillo. Así que les seguí la corriente, pero en mi interior sabía que a la primera oportunidad iba a cambiar de giro, iba a redescubrir mi pasión.

¿QUÉ HIZO QUE FINALMENTE TE ANIMARAS A REBELARTE?

El hartazgo. Esa sensación de que no era feliz con lo que estaba haciendo, que yo debía estar en otro sitio, con otras personas. En un punto fue una fuerza incontrolable, una necesidad que ya no pude contener. Además, había terminado la carrera, así que mis papás ya no tenían que reclamarme.

¿POR QUÉ FUISTE A LOS ÁNGELES Y NO TE QUEDASTE EN MÉXICO, SI YA HABÍAS EMPEZADO EN EL TEATRO?

Sabía que como todos los novatos tenía que picar piedra, trabajar durísimo, ganar muy poco y encontrar gente de todo tipo, que igual me valoraba o igual se quería aprovechar. Así que pensé que si de todas formas iba a pasar por eso, qué mejor que empezar en Estados Unidos.

Pero Olga no es una actriz improvisada. Después de Casa Azul estudió en The Acting Corps, de la que han egresado actores como Benicio del Toro y Salma Hayek. Desde entonces se asentó en la ciudad donde aún reside. Fue su amigo Héctor Jiménez, a quien había conocido en su breve paso por el teatro, quien la invitó a participar en White Knight, del director Jesse Baget, coprotagonizada por Jiménez y el célebre Tom Sizemore (Asesinos por naturaleza y Rescatando al soldado Ryan, están entre sus películas más famosas).

Todo estaba listo para la filmación que permitiría a Segura figurar en su primera película, obtener una visa de actriz para residir en Estados Unidos y unirse al Screen Actors Guild, sindicato que le garantizaría su reconocimiento como actriz profesional. Uno de los inversionistas se arrepintió. El proyecto quedó suspendido.

“Se me vino el mundo encima”, dice Olga, “pero después de lamentarme unos días, me di cuenta de lo valioso que era este proyecto, de lo importante que sería para mi carrera, y no lo solté. Si algo aprendí en la carrera de comercio fue cómo hacer más con menos. Así que nos pusimos a trabajar con los mejores guionistas y logramos adaptar la historia para reducir el presupuesto. Otra vez, estaba tratando de sobrevivir”. Y lo logró.

La amistad que estableció con Sizemore la llevó a Cannes para promover esta película, aunque no se estrenó durante el festival. “Él iba a presentar otra ese año (2010), pero me llevó a todos lados para hablar de la que estábamos haciendo juntos. Fue maravilloso, porque mucha gente estaba interesada por la historia. Nadie me conocía, pero terminé haciendo muchos amigos con los que ahora tengo proyectos. Fue, además, el primer paso dentro de este sueño que se está volviendo realidad”, dice Segura.

Una vez descubiertas sus cualidades para administrar el dinero y hacer mucho más que actuar, la joven decidió abrir una productora propia junto con su hermano Juan Carlos y su “brother from another mother”, Héctor Jiménez. La nombraron Producciones a Ciegas, porque están convencidos que el cine es casi un acto de fe, que se hace por pasión y no por dinero, porque nunca puedes predecir las reacciones que provocará tu trabajo.

“Yo estoy en la parte creativa y del negocio, porque tengo ambas cualidades. La universidad sí me sirvió de algo. Aún así a veces me dejo llevar por la pasión de la artista, igual que Héctor, y es mi hermano el que nos pone el alto y nos enfría la cabeza. Él es totalmente el hombre de negocios”, dice.

Después de esos primeros pasos, los más difíciles, vino la calma. Olga fue invitada a otros proyectos pero, sobre todo, empezó a generar sus propias ideas y sus propias películas con la productora.

¿POR QUÉ DECIDIERON INSTALARSE EN LOS ÁNGELES, DONDE EL MERCADO ES MUCHO MÁS COMPETIDO?

Porque lo nuestro es una batalla por abrirnos camino. No se trata solo de hacer películas porque sí, se trata de darle un mayor significado y valor a nuestro trabajo. Queremos explorar el mercado latino en Estados Unidos, pero también acabar con el cliché de los actores hispanos. Demostrar que hacemos buenos personajes, no solo de jardineros, de meseros o choferes. Los latinos estamos tomando más poder y eso se tiene que ver reflejado en el cine que ve el público estadunidense. Queremos decirles que nosotros también podemos hacer grandes películas y grandes personajes.

¿TE TRATAN DISTINTO POR SER MEXICANA?

Claro, aún existe la discriminación. Demián Bichir, Salma Hayek y muchos otros han abierto el camino desde hace años, pero falta muchísimo por hacer. A mí me llegan ofertas solo porque me veo como mexicana y hablo inglés, pero no se trata de eso. En realidad sigo picando piedra para demostrar que mis cualidades como actriz van más allá del color de la piel.

¿EN QUÉ MOMENTO SUPISTE QUE AL FIN TE HABÍAS ABIERTO LAS PUERTAS A HOLLYWOOD?

Cuando llegué a Sundance con Goats, la segunda película que produje. Yo siempre había ido a ese festival como fan, a ver cinco o seis películas, y por primera vez estaba del otro lado, en ese otro grupo tan selecto. Es como el mayor reconocimiento a mi trabajo. Supe entonces que estaba haciendo bien las cosas.

Y esa no ha sido la única muestra de que Olga está haciendo algo bien. La primera película que produjo, Marcelo, fue invitada a participar el nueve de noviembre en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2012. “Es mi primer hijo, el que está hecho con mucho amor, pero con más nervios”, dice. Además, este 12 de octubre se estrenó The Mule, donde comparte créditos con Sharon Stone, “una actriz a la que siempre he admirado y ahora es casi un sueño verme en la pantalla a su lado”, cuenta. Finalmente, el 15 de noviembre se estrena Hidden Moon, la película que filmó con Ana Serradilla.

Algo está haciendo bien, aunque no sabe qué es. Hace lo único que ha sabido hacer toda su vida: convertirse en camaleón. “La clave es siempre poder adaptarte y crecer. Hacer lo que tengas que hacer lo mejor posible, aprender lo más rápido y sobrevivir. Al final, de eso se trata la vida”, concluye.

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