El chofer y la señora Daisy a escena

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de octubre.- Una viuda judía, adulta mayor, y un hombre de piel negra entablan una larga amistad que inicia a finales de la década de 1940, cuando las diferencias de raza y los estratos sociales parecían irreconciliables. Es en la obra de Alfred Uhry, El chofer y la señora Daisy, en la que la patrona y su empleado marcan una oposición que logra trascender a una relación de vida, de complicidad y de ayuda mutua más allá del don de mando y de la cotidiana realidad social que los rodea.

Los actores mexicanos María Rojo y Salvador Sánchez protagonizan esta historia y repiten la mancuerna actoral que en 1976 hicieron en la película de Felipe Cazals, El apando, aunque en otro contexto: una historia conmovedora, reflexiva, con destellos de buen humor y una necedad de los personajes por seguir las reglas por más absurdas que parezcan hasta que son absorbidas por sentimientos más profundos.

Los años de experiencia de María Rojo sobre los escenarios son evidentes, pero también su sensibilidad que salta de la escena hacia el público. En entrevista con la actriz, de 69 años, se contagia su vitalidad y una prisa que moviliza a los que encuentra a su paso.

“Es una obra bella, bien escrita, un premio Pulitzer, muy humana, que está de moda en todo el mundo y la están realizando grandes actrices, además me interesa mucho el reparto, me gustaron los productores y quería volver al teatro. Esta obra me da la oportunidad de tener un bonito regreso.

“No me identifico con el personaje aunque es entrañable y bello, pues la señora Daisy es una mujer muy derecha y no tengo ni su primera edad, de 72 años, que termina en los 90 en la obra. Es bonito el reto y esta cuestión de la amistad me gusta mucho, pues lo del racismo y la referencia a Martin Luther King está menos señalado en la versión teatral que en la película. Además tengo a queridísimos compañeros conmigo”, afirma la actriz a Función, al finalizar un ensayo general en el Teatro Rafael Solana, donde hoy (viernes 26 de octubre) inicia su temporada.

Los ojos de María Rojo miran a todos lados, pero de pronto quedan fijos y se enternecen ante la pregunta ¿ha encontrado una amistad así? Calla, su mirada se detiene y sus palabras no encuentran salida, ni recitan nombres específicos. Sólo su rostro dibuja un poco de nostalgia.

“Sí…, bueno, a veces la tuve porque… a veces los amigos, amigos, no están ya… pero bueno…”, expresa y después vuelve a movilizarse al hablar de la señora Daisy.

“No (me da miedo la vejez), sino la parte en la que pierde la memoria, porque es horrible. Creo que todos tenemos el mismo miedo, independientemente de la edad que uno tenga, porque conocemos a personas que tienen problemas muy jóvenes y te puedes morir en cualquier momento. Nadie quisiera llegar al asilo a una edad tan larga como los 90 años.”

Salvador Sánchez es el chofer que en esta versión, dirigida por Diego del Río, no tiene la piel negra, porque consideraron que el texto por sí solo hablaría de las oposiciones.

“Vi la película hace mucho tiempo y era una de las cosas por las que estaba reticente, por la imagen de Morgan Freeman quien es una mole espectacular en la pantalla. Sin embargo, no estamos haciendo una réplica, esta obra es una pequeña licencia que me convenció. Una de las razones con las que nos identificamos María y yo es que somos amigos desde hace 40 años, conocí a su primer esposo y nos llevamos muy bien. Además quiero mucho a Ari Telch, pues lo conozco desde hace tiempo y esta amistad que se forja en la obra, es el reflejo de la mía con María y con Ari”, detalla en su camerino.

Las conexiones en esta versión de Teatro de Primera Producciones, encabezada por los productores Juan Torres y Guillermo Wiechers, se multiplican, pues Rojo también compartió escena con Ari Telch en la obra La tarea. En esta puesta en escena, interpreta a su hijo.

“Tenemos un bombón en la mano, con María trabajé hace mucho tiempo y a Salvador lo conozco hace más de 20 años, pues trabajé con su hijo Rodrigo. La obra es una historia de amor entre dos personas que no hacen pareja, de cómo se puede lograr una amistad siendo una mujer tan difícil, con grandes debilidades de carácter que se ven aumentadas con su transtorno obsesivo compulsivo y ansiedad. Así que al público le moverán muchas fibras tanto para reir como para conmoverse, pues además es una época en la que era difícil que una mujer se relacionara con un negro. Es una historia que vale la pena ver”, señala.

La temporada inicia hoy. El telón está a punto de abrirse al borde de la tercera llamada.

hch

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