Muerte y luto en la clase política

Samuel González

Analista en temas de seguridad

Durante años hemos sostenido que la espiral de violencia en el país alcanzaría a los sectores políticos, empresariales y sociales de las clases más altas. Hoy tocó desafortunadamente a un joven de 25 años, hijo de uno de los políticos más importantes del México actual. Tiene una posición privilegiada por su cercanía con el próximo equipo en la Presidencia y con Rubén Moreira.

En el caso del homicidio del joven Moreira debemos recordar además que el desafío es todavía mayor pues lo han ejecutado sabiendo que su tío Rubén es el gobernador actual de ese estado y su tía trabaja de manera muy directa con el actual Presidente electo, Enrique Peña Nieto. Este homicidio es un recordatorio que la violencia desatada en los últimos ocho años no distingue clase social, ni estatus empresarial, político o cultural.

Se trata de una violencia transversal a la que todos estamos sujetos. Es producto de nuestra incapacidad como sociedad para fortalecer al Estado mexicano, y para llegar a acuerdos en una transición que permita que se repartan de manera correcta las cargas y los beneficios en el país. Esta crisis de debilidad del Estado mexicano es patente y manifiesta, se percibe a lo largo y ancho del país porque hemos generado cotos de poder en los que se expresa un verdadero feudalismo mexicano.

Hemos estudiado realidades diversas desde Colombia a Irlanda, desde Afganistán a Italia y en todas ellas tendemos a pensar que existe un punto de inflexión a partir del cual las élites gobernantes de un país tenderán a entender qué es lo que tienen que hacer para revertir el proceso de violencia. Como una gran paradoja, cada muerto famoso y el dolor que produce, representa una esperanza de que las élites gobernantes entiendan lo que tienen qué hacer para tener un Estado que sea capaz de producir seguridad y justicia para todos, un ámbito en que todos podamos ejercer nuestros derechos sin miedo a ser ejecutados en una guerra absurda, donde los delincuentes imponen su ley porque saben que de una manera u otra reinará la impunidad y no serán sometidos a la justicia.

Es esto, la impunidad, el producto de la debilidad del Estado mexicano que permite que cualquiera pueda retar a la autoridad sin que existan consecuencias. El reto del próximo gobierno es fortalecer al Estado, es hacer que los actores políticos entiendan que la fortaleza del Estado se da a través del respeto al derecho y al establecimiento de un sistema que sancione a todos por igual, y que redistribuya el ingreso para que se evite que cientos de miles se incorporen a la delincuencia organizada porque no tienen otra opción. Será aplicando una estrategia integral que muy tarde entendió la presente administración. El reto es no gastar más en las fuerzas federales sino lograr la seguridad mediante el combate a la corrupción, generando transparencia, disminuyendo la violencia y terminando con un feudalismo en sectores políticos y económicos que atenta contra el futuro de todos por igual.

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